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MODALTERNA. Diseñadores y Estilos. Abelmary La Rosa: El Tacto Crudo del Lujo Insular

Fotografía. Cortesia. Abelmary La Rosa

Lejos de los circuitos predecibles y de las fórmulas complacientes de la moda masiva, la creadora venezolana convierte la fibra datilera y los metales nobles en objetos escultóricos con peso, memoria y valor de culto.


El sonido que manda en el taller de San Juan Bautista no es el traqueteo de una máquina industrial. Es el roce seco, casi metálico, de la fibra vegetal al doblarse contra los nudillos. Quien haya tocado el cogollo de la palma datilera sabe que no tiene nada de dócil: exige fuerza, humedad exacta y una memoria muscular que ninguna escuela formal de diseño enseña. Abelmary La Rosa no llegó a esta materia prima por un capricho estético de temporada; llegó a ella después de aprender a calcular el costo de la supervivencia.

En 1989, con el humo del Caracazo todavía suspendido sobre las avenidas de la capital y el título del Instituto Masett bajo el brazo, empacó sus cuadernos de patronaje y cruzó el agua hacia Nueva Esparta. Lo que siguió no fue una epifanía bucólica, sino veinte años de fajina pura: coordinar operaciones en telecomunicaciones, cuadrar balances en radioemisoras locales, cobrar cuentas en los pasillos de mármol del Centro Comercial Jumbo y vender al detal en las vitrinas de la avenida Santiago Mariño. La mujer que hoy concibe piezas de alta marroquinería de autor entiende el flujo de caja, el pulso del mostrador y el peso del metal en el soplete.

Estructura, fuego y botánica

La mayoría de los proyectos que intentan cruzar artesanía y moda tropiezan en el mismo sitio: tratan al objeto nativo como un souvenir al que solo le agregan un forro sintético. En el caso de La Rosa, el proceso ocurre a la inversa. La diseñadora pasó por la Escuela de Artes Plásticas Pedro Ángel González para dominar la fundición, la orfebrería y la cerámica. No encarga herrajes genéricos de catálogo internacional; proyecta el cierre, el asa o la moldura metálica entendiendo la física de la pieza.

Sus carteras despojan al tejido tradicional margariteño —el de las alpargatas maqueras, los mapires campesinos y los chinchorros de telar vertical— de su contexto folclórico. Lo depuran. Lo convierten en un volumen limpio, denso y geométrico que no cede a la humedad y envejece con el porte de un cuero bien curtido. La palma no se desperdicia: cada descarte vegetal reingresa al ciclo del taller en una economía circular cerrada que La Rosa instauró mucho antes de que la sostenibilidad se convirtiera en un eslogan de mercadeo corporativo.

Fotografía. Cortesia. Abelmary La Rosa

Esa exactitud constructiva fue lo que colocó su firma en el radar de instituciones bancarias y de desarrollo, sumando reconocimientos nacionales como el Premio Citi Microempresario y el galardón de Banca Comunitaria Banesco, asi como el reconocimiento reciente de entrar entre las mujeres 100 Protagonistas de Venezuela, avales técnicos otorgados no a la poesía del producto, sino a la viabilidad implacable de su arquitectura de negocio.




El matriarcado productivo

En el oriente venezolano, el conocimiento textil siempre ha sido una línea de sangre invisible custodiada por mujeres. A través de la fundación Una Rosa En Tus Manos y su liderazgo comunitario —reconocido por la Gobernación insular con la Orden Heroína Petronila de Mata—, La Rosa formalizó lo que durante décadas fue un oficio disperso. En sus módulos de formación no hay concesiones al asistencialismo: se instruye en patronaje, resistencia de fibras, trenzado de mapires y acabados de precisión para que cada artesana opere como una unidad productiva autosuficiente.

No hay intención de escalar la marca hacia la saturación de los centros comerciales convencionales. La producción se mantiene deliberadamente calibrada, respetando las cosechas del dátil, los tiempos de secado de la fibra y el pulido manual de cada componente metálico.


Fotografía. Cortesia. Abelmary La Rosa

Fotografía. Cortesia. Abelmary La Rosa. -Maria Renee Rivers. Empresaria y Promotora Cultural

El lujo contemporáneo ya no reside en el acceso ilimitado ni en la repetición de logotipos; habita en el objeto que demanda tiempo, manos expertas y un territorio irrepetible que lo respalde. Las colecciones limitadas de autor y la agenda de piezas por encargo se coordinan de forma directa con el taller insular a través de @abylarosa.

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